Ayer y hoy

Ayer se fue la niña de cotizaciones. Hoy estoy solo en la oficina. Ayer me cambiaron el escritorio, y me pusieron uno nuevo, más grande y con mejor iluminación, más nuevo, mejor ubicado. Hoy mi escritorio esta vacio. Ayer cuando nos despedimos de la niña de cotizaciones, nos tomamos unas fotos, casi que celebramos el que ella ya no este trabajando con nosotros, no porque desearamos que ella se fuera, sino más bien porque ahora ella tiene mejores oportunidades en su vida. Hoy no ha llegado nada para hacer y me queda tiempo para desperdiciar. Ayer no sabia si seguir o no seguir en la empresa. Hoy estoy seguro de que no quiero seguir en la empresa.

Hay días en los que somos más sensibles y todo nos puede afectar, mientras que hay otros días en los que estamos dispuestos a pensar y a repensar las cosas. Esta mañana en la oficina tuve que organizar unos asuntos de unas repeticiones de unas planchas que habian llegado malas; ir a la preprensa a averiguar si me podian organizar un archivo gigantesco que esta en mapa de bits, entonces el negro sale en CMYK y el impresor se niega a imprimirlo así; llamar a un cliente para que me enivara unos datos para el boletin inmeso y estupido que había mencionado antes. Hoy fue uno de esos días. Finalmente me entero que en el pago me habían extradio unas deudas que tenia pendientes más unos dineros por unos trabajos del mes pasado. Mi sueldo no fue nada. En ese momento alcance a sentir deseos de gritar o de llorar o de decir “me los meto a todos por el culo”.

Hoy fue un día de esos injustos. Es increible que uno se entregue tanto a un trabajo, y este simplemente no te lo retribuya como debe ser. Simplemente no esta bien. Conozco el ayer y el hoy como lo he vivido. No conozco el mañana, pero me alcanzo a suponer.

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